MANDARINAS de PAPEL

“Siguiendo el rastro de un antiguo tesoro maya, dos jóvenes arqueólogos de Barcelona sobrevuelan el nacarado cielo de las selvas de Yucatán. Una gran aventura sobre el miedo a la pérdida y la intensidad del primer amor” Leer más »

NUBES DE AZAFRÁN

“Sobrevivir en la intensa taiga siberiana puede ser muy difícil si tus motivos no te acompañan. Trepidante acción en la vieja Rusia con interesantes giros inesperados” Leer más »

FRASES QUE HACEN NIDOS

¿Qué tienen en común un aviador acrobático, un anticuario francés y un friki de la informática? Colección de relatos breves que despertarán en ti el amor por los libros. Leer más »

MANUEL JULIÁN

Autor de novelas intimistas y relatos que conviven con diferentes géneros: novela de aventuras e histórica, romántica y de acción así como pequeñas dosis de ciencia ficción. Leer más »

PUBLICACIONES

“Mandarinas de papel”, “Nubes de azafrán” “Frases que hacen nidos” PRÓXIMAS PUBLICACIONES: “Concierto para oboe”, “Cuentos bajo la almohada, “Nuestros únicos silencios” Leer más »

 

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La presentación del libro FRASES QUE HACEN NIDOS

Éxito de afluencia el pasado viernes 15 de abril de 2016 durante la presentación del autor sitgetá Manuel Julián y su tercera obra: “Frases que hacen nidos”, un recopilatorio de algunos de sus relatos breves y que desea despertar en los lectores el amor por los libros.

El evento se celebró en Malvasía de Llibres de Espalter 20 de Sitges y al acto acudieron otros escritores, locutores de radio, miembros de grupo Mediática, representantes de ediciones Dédalo y muchos asiduos lectores de Manuel Julián, así como nuevos interesados.

Tras unas palabras de introducción a cargo de la editorial; argumentó el peso del estilo narrativo, contenido de la obra y pequeñas anécdotas Rosa Pardina Clar, una de las primeras conocedoras de su obra. A continuación se cedió la palabra a Francesc Espuny quien habló del autor tras el libro. Se explicó el origen del título, algunas referencias sobre los personajes, los próximos proyectos literarios y la importancia del hábito de la lectura.

La obra ha tenido una afectuosa aceptación y ya se habla de ella en las redes.

Los libros del mismo autor: “Mandarinas de papel” “Nubes de azafrán” “Frases que hacen nidos” continuarán estando disponibles en Malvasía de Llibres y a través del servicio online de ediciones DéDALO..

Finalmente se amenizó la velada con un fondo musical de los años sesenta, refrescado por cavas Talino y unas deliciosas galletas con la portada del libro, elaboradas siguiendo una antigua receta de EUA por la repostera Laurie Baughman de Laurie’s Goodies.

FRASES QUE HACEN NIDOS from Manuel Julián García on Vimeo.

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Malvasía de Llibres. La última librería de Sitges.

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Presentación del libro: FRASES QUE HACEN NIDOS

 

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No podemos impedir que un pájaro se pose en nuestra cabeza, pero sí que haga un nido. Muchas veces nuestros pensamientos son como aves de paso que nunca debieron quedarse.

Quizá lo has pensado alguna vez: desearías que te gustara leer, pero todavía no has encontrado el libro apropiado, uno que despierte en ti el amor por la lectura.

¿Qué tienen en común un aviador acrobático, un anticuario francés y un friki de la informática? FRASES QUE HACEN NIDOS no es solo una historia, el libro te ofrece 16 relatos que puedes leer de principio a fin en un solo trayecto de transporte público o mientras aguardas tu turno en la sala de espera. Personajes y sucesos que transcurren en diferentes épocas y que abarca una considerable multitud de géneros: aventura, ficción, romántico, histórico, acción, suspense, novela intimista…

Un lenguaje bien escogido, gran riqueza de vocabulario. Ambientes y descripciones que te transportarán a lugares remotos y situaciones impensables, todo ello con una cuidada y depurada narrativa, tras una gran labor de investigación.

Cada título comienza con una frase que es el nexo que vincula cada historia y concluye con una reflexión meditada.

Si buscabas una obra singular que te pudiera iniciar en el increíble mundo de la literatura, ya la has encontrado.

Libros a la venta en Malvasía de Llibres. Espalter 20 de Sitges

Disponible online en www.tiendamediatica.com o por teléfono a Ediciones DéDALO Tel: 933 120 162 o vía email a la dirección: agmediatica@gmail.com

Esta primavera viene cargada de buenas intenciones y una de ellas es la lectura. ¿Podría despertar en tí  el gusto por leer y abrazar los buenos libros?.

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Te esperamos el viernes 15 de abril en Sitges.

Librería MALVASÍA DE LLIBRES

ADQUIRIR LOS LIBROS

BANNER con texto

Hola a todos mis añorados lectores y seguidores de mandarinasdepapel.com

Algunos nuevos interesados en nuestros relatos y narraciones me han preguntado: ¿Dónde puedo comprar tus libros? A continuación os facilito la solución más sencilla, rápida y eficaz; pídelos directamente a la editorial. Pedidos por teléfono en el: 933 120 162, o vía email en agmediatica@gmail.com.

Llegarán velozmente a la dirección que facilites sin gastos de envíos. Para hacerlo todavía más fácil puedes visitar la tienda mediática [www.tiendamediatica.com] y solicitarlos online sin gastos adicionales. Después puedes quedar conmigo para personalizarlo con una dedicatoria.

Para todos aquellos que viven en la comarca del Garraf, una útil sugerencia es visitar la atractiva y sugerente librería MALVASÍA DE LLIBRES de calle Espalter 20 de Sitges, donde nuestro amigo y librero Oscar O. Mirabent os los entregará en mano al momento.

Hasta el año 2016 se encuentran a vuestra disposición los tres primeros títulos:

MANDARINAS DE PAPEL

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NUBES DE AZAFRÁN

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FRASES QUE HACEN NIDOS

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próximos títulos:

 

MAÑANAS QUE SE PARECEN

NUESTROS ÚNICOS SILENCIOS

CUENTOS BAJOS LA ALMOHADA

 

Si ya has leído algo de MANUEL JULIÁN y te gusta su estilo narrativo, puedes suscribirte a la página web del autor: www.mandarinasdepapel.com y vincularte a las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest, Flickr, Google+)

Se responde a todos los mensajes.

FRASES QUE HACEN NIDOS

PORTADA - copia

¿Estás buscando un regalo original, y desea huir de las ofertas caras y aburridas?
¿Qué te parecería poder obsequiar un libro que despierte el adormecido deseo que todos sentimos una vez por la lectura?

“FRASES QUE HACEN NIDOS”
by Manuel Julián

Una colección de relatos breves que forman parte de una obra de 520 páginas, y que nos transportará a lugares, personajes y épocas que siempre echaremos de menos. Una cuidada publicación con todo lujo de detalles, riqueza de vocabulario y narración envolvente, una obra personalizada y firmada por su autor y por solo 18€ y sin gastos de envío.

Si estabas buscando un regalo que siempre conservarán con cariño, ya lo has encontrado.

“FRASES QUE HACEN NIDOS”     [Editorial DéDALO, Barcelona]

c/ Espronceda, 366 bajos
08027 Barcelona

Tiendamediática.com

Intriga, acción, amor, humor, novela de aventuras, relato histórico, ficción fantástica…, diferentes géneros literarios en una sola recopilación.

La imagen de portada fue cuidadosamente seleccionada. Una madre y su hija, compartiendo una misma lectura, un mismo encuentro con la cultura. Si regalas este libro, tus hijos te lo agradecerán

Frases que hacen nidos

“Frases que hacen nidos”

Consiste en dieciséis relatos breves. Cada historia se sustenta en una frase como hilo conductor que concluye con una oportuna reflexión sobre las cosas que ocurren en nuestras vidas, algunas de las cuales atesoramos y otras en cambio siempre hemos deseado olvidarlas.

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Imagen  propiedad de Xavier Hueto

Colección familiar

Silvia vino a verme

Línea 5 Barcelona

Era un tipo que usaba un after shave de los de antes, el mismo que empleaba mi padre en un tiempo en el que a mí lo único que me importaba era intercambiar cromos de fútbol o llegar a tiempo para ver los dibujos animados.

Cuando coges el tren cada día a la misma hora y en el mismo lugar, te das cuenta de algunas cosas. Su aspecto era cuidado, el pelo, quizá un poco largo, pero peinado, zapatos lustrados, abrigo grueso, de paño azul y un maletín en piel, con cierre de seguridad mediante un código numérico, junto a la empuñadura una pequeña placa desgastada con su nombre, Germán. ¿Ejecutivo, comercial, broker? Podría encajar en cualquiera de estas descripciones, pero yo sabía la verdad, lo único que guardaba en su maletín era un bocadillo y su oficina consistía en un banco de madera en la estación de metro Universitat.

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Fragmento de poesía

 

Amor que te aprietas y encojes

en el volátil rincón.

Indeciso colegial que manchó los libros

con tu nombre descorazonado.

Quiero llevar una flor tejida

de esperanzas y desolados llantos

al altar de esos ojos que ya no me miran.

Amor que te acabas

sin poder hoy apoyar el rostro

sobre los pupitres, ni sobre tu pecho.

Sintiendo el mismo compás de mis silencios

y tu respiración.

Amor que te fuiste precipitado,

creías que aquí no habías dejado nada,

te llevaste mi vida.

Y de esta materia abandonada

que tan pronto olvidaste,

de estas manos sin movimiento,

he reconstruido,

de la oscura voz del desaliento

el largo y tempestuoso temblor

de amar también tu olvido.

 

 

 Manuel Julián

 “Excavación de una mirada”    29 abril 1985

 

 

 

Poesías de hace 20 años

 

“Excavación de una mirada”

                             Manuel Julián 1984

 

 

Podría parecer un título extraño, pero no lo era entonces. La vida en ocasiones ni siquiera dedica algo de tiempo a mirarte y como un arqueólogo que busca el gran hallazgo, nos pasamos la mayor parte de nuestra existencia buscando esa recompensa a nuestros anhelos y esperanzas, una mirada.

La mirada de la vida convierte cualquier momento en una sonrisa, pero también evoca los ansiados ojos de la persona amada.

Ese es, o podría ser un instante imperecedero de electrizante complicidad. De saber sin decir, de reconocer en los gestos lo que las palabras aún no han pronunciado.

 “Excavación de una mirada” es un antes de la poesía, un reflejo cristalino sobre el papel de los sueños, el sonido de la escritura flotando en una nube de frases y esperanzas.

Excavar siempre entraña el esfuerzo de no conformarse con simplemente arañar la superficie, porque todos somos una insondable incógnita a la espera de ser descubierta.

La poesía es el vínculo para derramar sobre el papel lo que sentimos al recibir la mirada de la vida, la mirada del amor.

Podría ser peor, podría llover

Podría ser peor…, podría llover”
El jovencito Frankestein
Mel Brooks

                                                                        Sus padres, que eran creyentes, le pusieron por nombre Lucas pensando en que un día sería médico, pero no contaban con que para el joven, la visión de una sola gota de sangre podría provocarle tal desvanecimiento que parecía que nunca recuperaría el conocimiento.

Desde su casa al trabajo tardaba casi dos horas, dos de ida y dos de vuelta, si tuviera que ir a París emplearía el mismo tiempo que tardaba en volver a su casa, o si distribuyera todo ese tiempo en días de veinticuatro horas, dispondría cada año de más de cuarenta días extras para viajar…, aunque en ese momento cayó en la cuenta de que él nunca viajaba. Mientras esperaba bajo el reloj de la estación, hizo un cálculo mental; cada semana serían veinte horas…, mil cuarenta horas al año…

En la empresa recibió una vez formación sobre la actitud en el trabajo y entonces aprendió el concepto de tiempo no productivo, por lo que para no obsesionarse con todo ese tiempo perdido en trayectos y desplazamientos, leía libros, escuchaba música o rellenaba crucigramas.

Esa mañana el tren llegaba tarde, lo que significaba que después tendría que correr; hoy no podría disponer de sus diez minutos habituales para el café y ojear los titulares, y esto le disgustaba.

En los accesos al metro una anciana y su equipaje ocupaban todo el espacio de la escalerilla mecánica, después la rueda de su maleta se quedó trabada y él decidió ayudarle para no pasar el resto de su vida en ese escalón de la línea cinco. Instantes después comprendió que no tenía que haberlo hecho, porque la maleta se abrió esparciendo toda la lencería de la señora y otros increíbles efectos personales por los suelos.

La empresa donde trabajaba se dedicaba a los transportes y él era el conductor de una de las carretillas elevadoras. Como había llegado tarde, su trabajo también sufría retrasos. Cogió la ropa de su taquilla precipitadamente y subió de un salto a su Bobcat, pero al ver el desgarrón en el uniforme comprendió por segunda vez en la misma mañana que no tenía que haberse precipitado. El desgarrón no era un simple roto en sus pantalones, era más bien un presagio, una sucesión de nefastas sensaciones. Lucas era tan sugestivo que tuvo que apoyar la frente en el volante intentando respirar más despacio mientras introducía la llave en el contacto, pero la carretilla no arrancaba, lo intentó cuatro veces temiendo lo peor hasta que finalmente el primitivo sonido del motor inició su ansiado ronroneo.

Concierto para oboe

Infancia en Gdansk



La luz de la mañana, tímida y anodina languidecía en sospechosas sombras descoloridas. Los relieves y adornos modernistas en las fachadas y fuentes de Barcelona se llenaban de manos desnudas. Unas se aferraban a un bastón, otras a un ramo de flores o al periódico como quien se aferra a la vida, sin apretar demasiado pero sin dejar que se escape.

Las calles hormigueaban en una profusa emulsión de transeúntes dirigiéndose hacia todos los posibles reductos de la convivencia. Una suave música, como un murmullo lejano y evanescente, emergía entre el devenir de anónimas figuras que caminaban por las ramblas. El músico polaco interpretaba el romance de Schumann. En el suelo, su gorra contenía solo las primeras monedas que él mismo había arrojado, un cartón de vino barato y el perro. Su gorra era un diminuto salvavidas en medio de un inmenso océano de incertidumbres y el vino, una neuronal conexión con su pasado. Adam Badziag apoyaba sus labios resecos por el frío en la boquilla del oboe como el beso adolescente de una niña en el patio del colegio.

 Casi media docena de años atrás, el virtuoso concertista se encontraba en un día como hoy, sentado entre los instrumentos de viento y maderas de la Filarmónica Polaca Báltica de Gdansk. Adam, conservaba todavía una desgastada fotografía en el bolsillo izquierdo de su abrigo, una imagen de otra época. Reunido con otros músicos brindaba alegremente por la vida, todavía parecía notar el áspero y hechizante sabor del alcohol aromatizado por las frutas. El embriagador licor destilado hasta licuar los fracasos y decepciones, el desamor y la melancolía en una sola botella de vodka. Lágrimas de los dioses en un sorbo con la apariencia del agua y el efecto del disolvente.

 Hoy tenía que conformarse con vino aguado y un público muy distinto, en realidad no podía llamarse público a todos aquellos que pasaban delante de él sin ni siquiera mirarle. (Dumitru) Dumi, el perro, tenía casi siempre la misma hambre que su amo. Hoy por ejemplo se habría comido un pollo entero cuando se asomaron al ventanal del asador, todavía le parecía retener en su olfato el sutil “aroma” a rustido.

 Seis horas después y casi siete euros de recaudación, Adam y Dumi regresaban a “casa”; una escueta habitación en un edificio de apartamentos construidos en los sesenta. Comedor, cocina, lavabo, dormitorio y terraza en menos de treinta metros cuadrados. Estaban llegando a final de mes y aún no había podido reunir el dinero necesario para pagar el alquiler. Una vez, solo una vez, estuvo tentado a vender su oboe de madera africana, pero estaba tan borracho y desesperado que nadie quiso comprárselo. Nadie quería privarle de su único medio de subsistencia. Ese día Joan, el dueño de la charcutería le envolvió unas salchichas en un papel que Dumi estuvo lamiendo durante horas.

Fragmento de Concierto para Oboe en Frases que hacen nidos.

Misión BLACK LEAF

Capítulo 3

11

    Черный лист

Misión BLACK LEAF

 

“Las cosas que más tememos, ya nos han ocurrido en la vida”

Robin Williams. Actor

                                             El pesado buque Ristna había dejado atrás un denso rastro de petróleo quemado. A lo lejos todavía podía verse el antiguo puerto de Kronstadt cubierto por una gruesa placa de hielo, los amarres oxidados y desérticos se fundían sobre un fondo sepia de arena y nieve, de humo en las chimeneas y gaviotas hambrientas y ateridas de frio.

Levinenko, se había asomado a la cubierta para encender otro cigarrillo de papirosa, un tabaco considerado el más alto en nicotina del mundo, pero no le importaba que cada calada pudiera acortar algún minuto su miserable vida. Siempre supo cual era la diferencia entre vivir y existir. Él además ni siquiera existía, solo era un agente con un número que únicamente aparecía en su tórrido cerebro como un atisbo de identidad agonizante, un número para recordarle quién era y a qué se dedicaba. Nadie lo vinculaba a nada; sin familia, sin amigos, sin creencias, sin una dirección ni un pasado, ni algo que pudiera considerarse suyo.

La guerra fría había acabado hace años pero él era todavía un subproducto residual del K.G.B, un dinosaurio atrapado en un extraño tiempo lleno de contradictorias filosofías sobre la libertad y otras ciegas aspiraciones.

Levinenko había pasado cincuenta y cuatro años de su vida soportándose así mismo, a él y a sus manías; la manera de colocar cualquier conjunto de cosas sobre una mesa, la elección del arma en cada misión, la disposición de la ropa antes de desplazarse, los obsesivos y minúsculos detalles, la repetición de cada instrucción hasta quedar indeleblemente grabada con hierro de marcar en su frente, todo ello era como una asfixiante rutina. Esa mañana al mirarse ante el espejo del camarote solo había visto una imagen que le recordaba a alguien, a alguien como él. La vida había pasado delante de sus ojos como un soplo y ahora se encontraba en su último halo, su última misión al servicio de la amada ex Unión Soviética. Ahora se sentía de nuevo como si se encontrara en tierra de nadie, siempre de un lado para otro; hoteles y menús de carretera tan tristes como saber que cuando por fin regresas, no habrá nadie esperándote.

Fábula de la liebre que nunca quiso ser hormiga

3

Fábula de la liebre que nunca quiso ser hormiga

         “La gran diferencia entre la gente no está entre ricos y pobres o entre buenos y malos.
Sino entre los que supieron amar intensamente y los que jamás lo lograron porque no conocieron el amor.”
        Dulce pájaro de juventud (1962)   Novela:Tennessee Williams
Guión: Richard Brooks

                                                                            Cerró la puerta y con ello, dejó atrás muchas otras cosas, algo parecido a los malos recuerdos. Si tuviera que decir por qué se iba, si tuviera que ser absolutamente sincero hablaría de ella y de cómo le abandonó en el peor momento. Desde entonces Román se había convertido en alguien distinto, más desconfiado y suspicaz, asfixiado en su propia rutina.

  Las calles húmedas y encharcadas reflejaban el paso decidido de un joven madrugador, se diría que sabía hacia dónde iba aunque lo cierto es que no era así, su prisa solo era por alejarse. Un camionero lo recogió de camino a Glorias, después se detuvo el matrimonio Mérimée, dos afables ancianos en dirección a Montlieu. Esa noche dormiría en su saco acolchado bajo un firmamento tintineante de remotas estrellas; casi tan remotas como sus sueños. Recostado sobre una almohada de ropa y abrazado a las frases que dejó en un buzón antes de irse, una nota que decía:

  “Las nubes derramaban sus lágrimas sobre un terciopelo de arena. Todo lo que el cielo hizo durante ese día fue susurrar tu nombre y obligarme a mirar hacia arriba con la esperanza de encontrarte.

Supe dese el primer momento que sería así, en silencio. Que tu imagen se diluiría en el atardecer de los tiempos y que yo no podría olvidarte.

Las estrellas parecen pequeñas pero solo están lejos, mis recuerdos de ti se alejan de mi vida de lo que soy ahora en los despojos de tu ausencia inevitable.

Y a pesar de todo, a pesar de ello, volvería aquí, volvería a coger tu mano por última vez y mientras tanto solo puedo escuchar esta música que derrite mi angustia en trazos de tinta sobre el papel”.

 

Lo que hubo entre nuestras plantas

Capítulo 1

1

 

 

Lo que hubo entre nuestras plantas

 

“La canicie es una corona de hermosura cuando se halla en el camino de la justicia”

Proverbio de Salomón

 

 

 

                                                                           Se conocieron una tarde de primavera mientras la abuela hacía limpieza en el patio. Era una planta baja rodeada por otras casas muy similares construidas en la misma época, también de dos pisos y un pequeño patio pintado de azul que parecía un jardín. El sol irrumpía muy temprano inundando serenamente con su luz las macetas de barro y la mesa de piedra que presidía el centro del patio azul.

 Nunca habían reparado antes el uno en el otro, el ficus y la petunia aun no se habían conocido, no habían tenido la oportunidad. Él estaba junto a la puerta y ella en el otro lado, rodeada por Clivias, Hortensias y Aspidistras.

Aquella tarde todo cambió de sitio y sus macetas se rozaron, no hubo intención, simplemente pasó, pero la abuela se retiró para atender una llamada de teléfono y después ya no recordó por dónde debía continuar. El Ficus yla Petuniapermanecieron juntos mucho tiempo, tuvieron largas conversaciones y comenzaron a conocerse. En la nevada del 62, él la protegió con sus ramas y evitó que se congelara, fue un invierno inolvidable que todavía recordarían, entre ellos surgió algo más profundo que la amistad. Se sentían tan a gusto el uno al lado del otro que no se movieron de su sitio en aquel trozo de patio en la zona antigua de la ciudad.

Un domingo escucharon voces, la abuela estaba muy animada con la visita de sus hijos y nietos. El pequeño Pau quería ser futbolista y María bailarina de ballet. En una entrada comprometida, muy cerca de la portería construida con dos escobas, Pau chutó muy fuerte, como acostumbraba a hacer en su colegio y la pelota rompió la maceta dela Petunia. Eljuego se detuvo y abandonaron el patio con disimulo. No dijeron nada ni nadie advirtió lo sucedido; cuando todos se fueron, la abuela muy cansada recogió los platos y se fue a dormir.

El Ficus estaba desolado, por mucho que alargara sus ramas, no podía sostenerla, no podía aunque lo intentó toda la noche.

 A la mañana siguiente ya era lunes, día de mercado. Aunque la abuela no acostumbra a madrugar, hoy debía levantarse más temprano para recoger su encargo de verduras y pescado. Al mediodía y después de limpiar el Lenguado, se asomó al patio, que ahora se le antojaba triste sin las joviales risas de sus nietos. Todo estaba en calma, todo en su sitio excepto una de sus macetas.

La bolsa de basura está llena de hojas de lechuga, peladuras de patata y restos de pescado, pero todavía hay sitio para una Petunia agonizante.

Una semana después sus hijos le llaman de nuevo, conversan sobre cuestiones intranscendentes, pero uno de ellos nota algo en la voz de la anciana, ella accede ha explicarlo. Todavía no sabe como ni porqué pero la mejor planta de su patio, el Ficus se ha enfermado y se muere. No reaccionó al agua ni a los abonos ni a ningún otro cuidado, su aspecto transmitía una profunda tristeza.

Su hijo mayor le promete que el próximo domingo le traerá un nuevo Ficus, uno joven y robusto, más saludable, no tiene de qué preocuparse…, seguramente que también le agradará ver a Pau vestido con el uniforme de su equipo de fútbol preferido, el niño está deseando enseñárselo. Mientras tanto, todas las plantas del patio han tomado una decisión, primero fueron las Clivias y las Hortensias, luego les siguieron las demás; esa tarde de primavera, todas ellas se secaron renunciando a sus hojas. Remolinos de aire las doblegaron hasta partir sus tallos quebradizos, todo ofrece el aspecto de una cripta marchita y oscura. Esa tarde el sol se llena de nubarrones y la abuela le pide a su hijo que en lugar de la planta le compre unas zapatillas.

 Pau creció y perdió su interés por el fútbol; la abuela se hacía mayor y temía llegar al final de sus días sin saber lo que les había ocurrido a sus queridas plantas. Un buen día de otoño, el viento empujó a dos semillas voladoras, no se conocían ni habían coincidido antes, pero ambas cayeron en el patio y germinaron junto a macetas vacías y regaderas oxidadas.

 El nuevo Ficus y la nueva Petunia fueron la respuesta. Esa misma tarde un vehículo se detuvo delante de la casa, era la furgoneta de un invernadero con nombre de flor. De nuevo el patio se llenó de vida, colores y fragancias, parecía que todo revivía. La anciana se sentó a contemplarlo desde su mecedora y no pudo evitar pensar en muchas cosas que había visto desde 1901, las dos grandes guerras, epidemias y hambre, transiciones políticas, un hombre caminando por la Luna, crisis económicas; notó cierto cansancio en su mirada una repentina laxitud en sus envejecidos brazos.

Había algo sobre el respeto a las personas mayores que sus padres siempre le habían inculcado, era como un código ético, una frase que ella misma había enseñado a otros: “La canicie es una corona de hermosura cuando se halla en el camino de la justicia”  

Durante la fría noche del último invierno, aquella frase eclosionaba en la mente de sus hijos con nuevo significado.

99 años en la vida de una anciana es mucho tiempo, nunca les pidió nada a sus hijos, pero esta vez, rodeada de sus nietos y biznietos les rogó algo durante el postre, una sola cosa…, que ninguno de los pequeños volviera a jugar en su patio a la pelota y que cuando ella no estuviese, jamás dejaran de cuidar a su ficus y a su petunia, sobre todo a ellos, porque fueron ellos los que le enseñaron el significado de la esperanza.

Conclusión del autor

FRASES QUE HACEN NIDOS

Conclusión del autor

                                                       Las conclusiones llegan como las despedidas, envueltas en un cúmulo de emociones, entrañables recuerdos y algo de melancolía. De impaciencia por llegar a un inevitable final y la tristeza que produce el alejamiento.

 Entre el escritor y sus personajes hay una amistad con temor a debilitarse ahogado por la rutina y la mediocritud de un cotidiano trasiego de incertidumbres.

Dijo una vez el sabio que nadie puede añadir un codo a la duración de su vida por medio de inquietarse. La antigua medida de longitud, que sería el equivalente entre el propio codo y la punta de nuestros dedos extendidos, apenas alcanzaba la distancia de cuarenta y cinco centímetros. Los topógrafos afirman que el paso de un hombre es de ochenta centímetros, ¿cuánto tardaríamos en dar un paso? En este caso, el codo sería la mitad de un paso o la mitad de un segundo. Así pues el exceso de preocupaciones no hará que vivamos más tiempo, sino todo lo contrario.

 Esta obra literaria ha querido contribuir a que nos alejemos de nuestras preocupaciones. Los personajes han pasado hambre, frío, miedo. Se han enamorado y enfrentado a multitud de dificultades y las han vencido. Y lo que es más importante, han aprendido. Las equivocaciones son siempre una gran escuela de amargas asignaturas, pero siempre llega el recreo. En este sentido, los lectores de Frases que hacen nidos,  pudieron recrear en su imaginación los escenarios, los rostros y los aromas de todas sus detalladas descripciones hasta crearse un vínculo que les ha permitido convivir con sus personajes. Cada relato, fábula o cuento llamaba poderosamente nuestra atención sobre una frase que como las antiguas moralejas o dichos populares, sería una consigna o lema que pudiéramos recordar. De alguna manera, cada una de esas frases han sido las hebras de un nido en nuestros pensamientos y se han entretejido con lo que somos para llevarlas siempre con nosotros. El libro ha contribuido a llevarnos algo con nosotros porque los sucesos aquí descritos podrían inesperadamente encajar con nuestros sentimientos o manera de percibir todo lo que nos rodea. Una frase, un párrafo o todo un relato podría antojársenos como una radiografía de nuestros sentimientos, almas gemelas que se ajustan a nuestra memoria como una plantilla.

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