1013474_orig

Su paso era el reflejo de un espíritu quebrantado y adormecido en un prolongado letargo. Algunos lo vieron ir o venir. A veces saludaba desde lejos con la mano, no solía ser muy conversador. Su imagen extremadamente disuelta en el bosque y su cuerpo atardeciendo entre los pinos era como el círculo que se fundía en la última secuencia de una película muda. Parecía que era alguien que se iba para siempre o que siempre se estaba yendo, alejado del mundo, alejándose, siguiendo cada día la ruta prefijada.

En un sombrío recodo descansó las piernas aspirando fuertemente el evocador olor del musgo sobre las piedras. A continuación su mente se llenaba de retratos amarillos, lejanos rumores y voces del pasado que le habían vuelto a alcanzar. Esas cosas que a veces nos sorprenden sin avisar, sin escoger cómo ni cuándo ni dónde pero que desborda todo el firmamento en una sola gota de agua salada que surca el rostro de un hombre que ya se creía incapaz de emocionarse.

Mandarinas de Papel. Página 53

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...