Después de la última actualización de software en mi teléfono móvil, el dispositivo me insiste reiteradamente que active la aplicación “Pay” para realizar pagos desde el teléfono y vincularlo a mi cuenta bancaria como si este fuera una tarjeta de crédito.
Quizá yo vea fantasmas donde no los hay y me haya vuelto algo escéptico, pero, ¿qué pasaría si pierdo o me roban el teléfono?.
Recientemente una conocida entidad bancaria envió una tarjeta de crédito “gold” a un amigo. Era una tarjeta con toda clase de ventajas y comodidades. La Visa tenía a su vez un sustancioso crédito, de manera que comenzó a usarla para gastos menores: fruta, peajes, lavandería… Cuatro meses después había acumulado una deuda de intereses por valor de 3200 euros. Cuando habló conmigo tenía la cuenta en números rojos y su nombre en la base de datos de una empresa encargada de perseguir impagos y morosos.

Desde la aparición de las tarjetas de crédito, Western Union 1914, millones de personas de todo el mundo han gastado mayores sumas de dinero de las que habrían sido necesarias si hubiesen pagado en efectivo. En cierto modo, el contacto físico con los billetes de papel fomenta en nuestro subconsciente una actitud más prudente a la hora pagar con nuestro dinero.
Se han dado muchos consejos de carácter psicológico y otras veces financieros sobre el uso racional de las tarjetas de crédito, con resultados muy modestos. En otros casos también se ha frivolizado sobre las compras descontroladas y sus devastadoras consecuencias para la economía doméstica a través de películas sobre compradoras compulsivas o las populares campañas “Black Friday”. Este tipo de films en clave de humor confunde a muchos de los usuarios de tarjetas de crédito sobre la importancia de desarrollar una actitud más moderada del uso que hacemos de nuestros recursos.


Por otro lado, la actual inflación sitúa los salarios muy por debajo de la carestía de la vida y muchas veces el sueldo de hoy se parece al que percibíamos hace catorce o quince años atrás.
Sin ser extremadamente alarmistas, lo cierto es que el dinero se va como el agua y por ello cada vez más personas buscan otras opciones. En algunos casos esta búsqueda se traduce en un nuevo tipo de moneda con interesantes garantías y pocas comisiones de mantenimiento.

LA CRIPTOMONEDA
Imaginemos por un momento una moneda que no necesita intermediarios, ni bancos. Que no está vinculada a un país o institución. Una moneda digital que sea un método alternativo al sistema financiero mundial, con una economía más segura y una mayor privacidad.
Esa moneda ya existe. Fue creada en 2009 y su primera generación se llamó Bitcoin. Desde entonces se han desarrollado otras versiones con el mismo patrón de seguridad. Litecoin, Dash, Ethereum, BitcoinCash, Tikebit… Monedas cifradas o con un código encriptado de complejos algoritmos matemáticos con muchos filtros muy difíciles de vulnerar.
Para comprender mejor el concepto, me he reunido de nuevo con Javier, propietario de AMI STORE de Sitges. La verdad es que siempre busco un pretexto para visitar su refugio intergaláctico, la nave nodriza de Javier. Su establecimiento. En este fantástico lugar, anclado en la cultura de los ochenta podemos realizar nuestras compras con la popular moneda Bitcoin. El establecimiento es a su vez un punto de venta de esta moneda virtual. Desde hace unas semanas ofrece un nuevo servicio: comprar moneda digital y canjearla a través de Tkebit, en tikebit.com.
El primer consejo de Javier ha sido que visite uno de los blogs más completos e ilustrativos sobre el concepto de criptomoneda: Bit2me.
En la parte superior derecha de la página se encuentra una completa guía Bitcoin que puede disipar muchas de nuestras dudas.
El manual es extenso, casi 50 páginas con toda clase de explicaciones y que comienzan con la pregunta: ¿Qué es Bitcoin?
El prefijo “bit” se asocia a estructuras informáticas, es la unidad mínima de información, que puede ser a su vez unidad de medida de velocidad de transmisión de datos (bit por segundo) por otro lado, “coin” se traduce como moneda en inglés.
Satoshi Nakamoto pseudónimo del catedrático australiano Craig Steven Wright, es el padre de la criptomoneda.
Bitcoin ha revolucionado la manera de entender el dinero digital. Es un sistema tan revolucionario, que en solo tres años ha puesto patas arriba el sistema financiero internacional. Es dinero libre y abierto, descentralizado y gestionado por una legión de usuarios que actúan como filtro ante cualquier ataque informático, los llamados blockchain.
El Gobierno del Reino Unido publicó unas declaraciones:

“…, una opción de pago alternativa e innovadora, con ventajas particularmente claras a corto plazo…El gobierno reconoce que la tecnología asociada a las monedas digitales ofrece un potencial considerable, permitiendo a los usuarios transferir valor de manera rápida, eficiente y segura…”

www.gov.uk

¿Podría ser esta la moneda del futuro?. Todavía es pronto para saberlo, pero cada día más personas de todo el mundo se interesan por esta nueva e ingeniosa forma de pago. La amplia aceptación en el mercado de este radical libre, está replanteando a los inversores de fondos en moneda convencional, bancos e instituciones financieras nuevos retos y formas de hacer las cosas.
En el pasado, tu banco o caja de ahorros era para ti como un templo con un gurú, el director de la oficina, en el que siempre confiabas y ante quien te veías desnudo, porque conocía mejor que nadie, mejor que tú mismo tu propia situación financiera. Las fusiones de cajas y bancos han roto la relación con el barrio, ahora nadie conoce a nadie, y muchos de los productos que se ofrecen son al menos cuestionables. Todo esto a propiciado que cada vez más usuarios miren para otro lado y se interesen por nuevas fórmulas de conservar y gestionar su dinero.

DINERO DE PLÁSTICO
Sitges INFOGUÍA Magazine. Septiembre 2018 n°159 pág.68
https://issuu.com/infoguiasitges/docs/infoguia_sitges_magazine_n__159___s/68

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