Nueva Orleans. Estados Unidos
14 de noviembre de 1960

Atrás quedaron aquellos primeros días de colegio, un perezoso regreso después de un largo verano de playa, helados, sandalias hawaianas y cine al aire libre. Una inevitable vuelta con la única preocupación de que a los más pequeños les resulte fácil adaptarse al nuevo curso, con todos sus retos, desafíos y decepciones.
Para Ruby, sin embargo, ir por primera vez al colegio, se convertiría en una experiencia tan vital, que todo lo descrito anteriormente no sería nada más que una frivolidad carente de sentido.


Ruby era la primera niña afroamericana en cruzar el umbral, la puerta de una escuela para niños blancos. Todo esto sucedía en el estado de Louisiana, sus padres eran miembros de la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color [NAACP] y aceptaron participar en el programa de integración racial de Nueva Orleans. Ese sencillo gesto, el de ir colegio, enervó la opinión pública y la niña de 6 años Ruby Bridges se vio a sí misma soportando los insultos, abucheos y amenazas de un nutrido grupo de adultos y alumnos a ambos lados del pasillo central. La escuela “solo para blancos” era la William Frantz Elementary, y estos sucesos se producían a principios del año escolar de 1960.
El artista Norman Rockwell plasmó en un óleo el mítico instante en el que la niña, flanqueada por cuatro agentes federales, se dirigía, cabeza erguida, hasta la puerta del colegio en su primer día de clase. La ilustración se publicó en la revista Look de 1964. Esta imagen rompía con la amable y tradicional visión de la vida americana, el lado más tierno y en ocasiones cómico de lo cotidiano a través de los ojos de Rockwell. En esta ocasión el autor se implicaba más a través del los colores de su paleta en un lienzo que se titularía: “El problema en el que todos vivimos”. Sobre un fondo de pared desgastada se puede leer “NEGROS” y las siglas KKK del Ku klux klan, también se aprecia un tomate estrellado contra la pared. Un lanzamiento fallido que Ruby ni siquiera intentó esquivar y que no alteró en lo más mínimo su determinación de asistir a clases a pesar de que no era bienvenida.


Años después Ruby Bridges declararía en una entrevista para la BBC:

“Recuerdo que ese día todo el mundo parecía estar muy emocionado. Los vecinos vinieron a casa por la mañana para ayudarme a salir para la escuela. Alguien golpeó la puerta y, cuando mis padres abrieron, pude ver unos hombres blancos muy altos con trajes y bandas amarillas en los brazos. ‘Somos policías federales’. Nos ha enviado el presidente de Estados Unidos’. Estaban ahí para escoltarme a la escuela”…

El ex vicealcalde Charles Burks recordó:

“Ella demostró mucho coraje. Nunca lloró. No gimió. Simplemente marchó como un pequeño soldado, y todos estamos orgullosos de ella”


En 1999 se creó la Fundación Ruby Bridges para promover “los valores de la tolerancia, el respeto y la apreciación de todas las diferencias”

Ruby enseñó a todos los niños de las siguientes generaciones, afroamericanos, blancos, chinos, altos, gordos y flacos a enfrentarse a la injusticia sin importar su aspecto, raza o antecedentes culturales. Hoy los niños no son escoltados por la policía hasta el patio del colegio pero sus desafíos, aunque diferentes, no son menos intensos. Nos referimos a la presión de grupo, el fracaso escolar, el consumo de drogas, promiscuidad sexual o el bullying y el cyberbullying entre otros.
En algún momento, recordaremos que todos hemos sido niños. En los años setenta no disponíamos de una legión de psicólogos infantiles, logopedas, nutricionistas, pediatras y educadores especializados. Sufrimos disciplinas férreas, que incluían castigos corporales y en ocasiones, lo que se conoce hoy como maltrato psicológico. Sobrevivimos, y lo hicimos con éxito a pesar de no disfrutar de la aclamada tecnología digital, de los smartphones, ni las redes sociales.

William Franz Elementary

A pesar de todo, y salvando el tiempo y las distancias, lo que hizo una niña hace casi 60 años atrás, todavía nos conmueve y nos inspira. En BBC NEWS de 19 de diciembre de 2010 y bajo el título: “La niña que ayudó a cambiar a EE.UU” , encontramos interesantes reflexiones sobre los sucesos descritos tras la mirada infantil de su protagonista. En realidad, en ese momento, la niña no era consciente de la transcendencia de sus actos y la reacción que provocaría en la gente, tanto simpatizantes como detractores.

Días después Ruby estaba en el parque, cuando otro niño se le acercó y le confesó:
-Mi mamá dice que no puedo jugar contigo porque eres negra…
Fue en ese instante en el que Ruby comprendió, todo lo que para los adultos era tan evidente.
Mucho tiempo después, una Ruby adulta escribió en una párrafo de la web vinculada a la fundación:

“El racismo es una enfermedad adulta y debemos dejar de utilizar a nuestros hijos para propagarla”

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