Microrelato presentado en la 7a edición GEPAC [Grupo Español de Pacientes con Cáncer].

1000 palabras sobre el cáncer de mama, lo que se siente y cómo se viven los primeros instantes.

En la 5a Edición quedé finalista, pero no pude ir a recoger el premio. Este año el concurso ha tenido un mayor poder de convocatoria.

PLAYA DE LAS ANQUINES

                   

El agua de mar lamía sus pies como una miel de hielo, estaba sola, necesitaba estarlo. Para pensar en su cita de esa tarde. Una visita rutinaria al médico. Sabía que igual que otras veces le haría ese tipo de preguntas sobre sus costumbres, las enfermedades que tuvo en el pasado, durante su infancia o su estilo de vida presente…, un procedimiento habitual para rellenar un formulario.

Si todo iba a ir como siempre, ¿por qué estaba tan nerviosa? Instintivamente rozó una parte de su pecho, cerca del brazo y volvió a sentir esa punzada que le mordía hasta casi dejarle sin aliento. Lo había descubierto hacía una semana, en la ducha, de forma casual, al anudarse la toalla. Y ahora estaba caminando descalza por la arena, intentando alejar de su mente lo inevitable.
Unas horas después atravesaba el denso tráfico de Barcelona, hoy no escuchó música en la radio ni contestó al teléfono. La tarde se había convertido en un gélido réquiem de sospechas, miedos y silencios. Aparcó lo más cerca que pudo y entró en la consulta. Batas blancas, revistas antiguas y un olor aséptico de alcohol y lejía.
El doctor no llevaba los resultados en la mano como otras veces y cuando su mirada se detuvo ante el último paciente que quedaba en la sala de espera, ella lo supo, el gesto de sus ojos le delataban.
Cuando llegó a casa, su mente aún no había procesado la noticia, las palabras del doctor habían llegado a sus oídos como el papel a una trituradora.
“Hay esperanza, es el tipo de cáncer en el que más se ha investigado, y hemos llegado a tiempo”. El optimismo y jovialidad del oncólogo era exasperante. Sobre todo porque a pesar de sus consejos y afirmaciones, su vida a partir de ese momento ya no volvería a ser la misma.
En las sesiones de quimioterapia se hacen muchos amigos, aunque algunos de ellos no sobrevivieron. Era cierto que no debía conectar ideas ni establecer comparaciones, pero era muy difícil dejar de pensar que ella podría ser la siguiente. Una mañana, delante del espejo observó a alguien que le recordaba quién era antes, ahora más delgada, sin pelo, con la palidez de la cera y la secreta determinación de no rendirse.
Cristina trabajaba, había trabajado en un colegio con niños. Los más pequeños intuyen estas cosas y no querían acercarse. No estaban muy seguros de lo que estaba pasando, pero era extraño, tristemente extraño y se ocultaron detrás de sus madres.
Los días transcurrían despacio, no había regresado a la playa porque la radiación solar podía aumentar la que ya había recibido en las sesiones de radioterapia, así que debía conformarse con asomarse a la vida a través de la ventana. El viento de invierno agitaba la hojarasca en los árboles y regresaba de nuevo hasta su regazo las mismas preguntas de todas las tardes: ¿por qué a ella? ¿por qué ahora? ¿cuándo podría recuperar su vida?
Buscó las respuestas en su corazón, quería saber si una fuerza, atmósfera o presencia invisible había decidido poner a prueba su amor propio y autoestima, si lo estaba haciendo por ella, a pesar de todo por su bien, porque nunca sabremos hasta dónde llega nuestra fortaleza si nunca nos enfrentamos a ningún problema.
El pelo creció corto y blanco y Cristina decidió dejarlo así, ya estaba saturada de sustancias químicas. Alguien le dijo que la vida es todo lo que pasa mientras nos esforzamos por intentar cambiarla.
La operación para extirpar el alien asesino sería por la tarde. El cirujano le explicó hasta el último detalle todos los riesgos y consecuencias, pero su mente le llevaba descalza sobre la orilla de las Anquines. Mientras su cuerpo permanecía sentado en el despacho de oncología, sus pensamientos se habían alejado caminando sobre la fría y mullida arena de la playa de su infancia.
Las palabras del médico flotaban como el humo de un incendio que todavía no se había extinguido, era un eco distorsionado de voces y personas que se movían con lentitud a través de un cristal empañado por el vapor. Alguien pronunció su nombre, que se le antojaba ahora abstraído de promesas rotas y frágiles esperanzas. El cirujano le había entregado un papel con la fecha y Cristina se levantó de aquella silla, de aquel despacho de hospital sin saber todavía si estaría preparada. “¿Sería este el final o solo el comienzo?”
La palabra nostalgia tiene su origen en lo que sentían los soldados cuando regresaban a su hogar, la tristeza de la lejanía, la añoranza por la ausencia de los seres queridos. Ella estaba allí sentada frente a la ventana, esperando regresar a su sencillo mundo de rutinas, risas y abrazos. Si deslizaba el dedo a través de la larga lista de especialidades médicas, ¿encontraría un experto en nostalgias?
Tres meses después la cicatriz ya había mejorado y el agente invasor ya no crecería en su seno, pero quedaba todo lo demás, regresar de la guerra y recomponer lo que se había abandonado. Aún notaba ese singular sabor metálico en las comidas y la textura del corcho, sequedad en las mucosas, pero ella misma se obligaría a continuar intentándolo.
Encontró una forma de no desfallecer, al principio se trataba de un simple gesto de cortesía, pero después descubrió que hacer cosas por los demás podría ayudarle a cerrar el círculo, a no autocompadecerse. Ahora se sentía útil y otros pacientes que comenzaban a pasar por lo que ella ya había superado, encontraban en su compañía la fortaleza que no trasmiten las medicinas ni los libros de texto.
Los niños se acostumbraron a su pelo blanco y corto, la infancia tiene ese increíble poder de adaptación que algunos ya habíamos olvidado. Y comprendió que cada día era una nueva promesa, una nueva oportunidad para demostrar o demostrarnos qué clase de personas somos.
Las gaviotas planeaban intentando descubrir un pez despistado, en cierto modo, aquí, en la playa de las Anquines las cosas son algo mas sencillas.

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