LA CHICA DE LA LEICA

LA CHICA DE LA LEICA

Gerda Taro nació en el seno de una familia judía, sin embargo no fue en la época ni el lugar más idóneos, en la Alemania de 1910, en pleno auge del nazismo.

Gerda huyó a París, donde trabajaría de camarera, mecanógrafa o secretaria. No era raro encontrarla envuelta en protestas antifascistas, y en largas discusiones intelectuales en algún café de Montparnasse. Allí conoce al fotógrafo, André  Friedmann y a través de él descubre su verdadera vocación: la fotografía. Juntos crearán a Robert Cappa, el pseudónimo de uno de los fotógrafos de guerra más importantes del siglo XX. Lo lógico habría sido firmar sus propios trabajos, pero se encontraban en un momento histórico en el que era más importante difundir su obra de forma casi anónima, que poner en riesgo sus vidas. “Robert Cappa” era solo una ficción alimentada por Friedmann y Gerda aunque según se cree, las imágenes más sugerentes y de mayor calidad de aquella época fueron disparadas con una Leica, la de Gerda.

Detrás de muchos fotógrafos hay historias increíbles y detrás de las fotografías de Gerda Taro, un mensaje que ha transcendido al tiempo y la distancia.

Ahora se puede conocer algunos de los detalles más relevantes de su vida a través del libro “La chica de la Leica” [Editorial Tusquets. 2018], y de la mano de la autora alemana Helena Janeczek.

Por cierto, las máquinas de fotografiar Leica se siguen fabricando desde 1913 en Alemania conservando los diseños originales. Una delicia para los amantes de lo retro.

Las fotos “de” Robert Cappa han recorrido los museos de todo el mundo, forman parte de muchos libros de texto y es objeto de estudio de historiadores, diseñadores gráficos y alumnos de artes plásticas.

¿Qué somos capaces de ver a través de una fotografía?, es decir, más allá de lo obvio. ¿Cómo interpretamos la luz, los gestos, el encuadre?

Hay lugares donde todo el mundo querría hacerse una fotografía, incluso los que nunca entendieron muy bien para qué servían algunas cosas como el diafragma, balance de blancos o velocidad de obturación. El principado de Andorra es uno de esos lugares. ¿Quién no se ha hecho alguna vez una fotografía en Andorra? En la nieve, en los lagos, en las calles, centros comerciales o restaurantes. A caballo, en bicicleta o junto al autocar que nos llevó de compras. Seguramente que todavía conservamos aquellas fotografías de hace décadas y que nos muestra nuestra visita a Andorra como un viaje en el tiempo y a un lugar en que podíamos encontrar de todo, en abundancia y al mejor precio. Nuestros primeros recuerdos de Andorra están estrechamente vinculados a las primeras escapadas familiares, con o sin niños y a una época a la que miramos con nostalgia.

Eran muchas veces fotografías apresuradas, movidas, desenfocadas, pero absolutamente geniales que nos ayudan hoy a entender muchas cosas.

Con el tiempo nos hemos vuelto más sofisticados, elitistas y digitales. Ya no cargamos con una pesada reflex al cuello, una con objetivos intercambiables y flash adicional. El teléfono móvil lo ha simplificado todo y hoy hay que reconocer que las fotografías de un smartphone también pueden ser de gran calidad.

Los paisajes y ambientes de Andorra pueden despertar en cualquier neófito una verdadera pasión por la fotografía. Quizá por ello surgió la [FAF] Federación Andorrana de Fotografía. La [FAF] se creó en el año 1969 junto con el Cercle de les Arts i de Lletres d´Andorra. Con el tiempo, y gracias a las buenas relaciones que hay en el mundo de la fotografía se pudo crear un gran proyecto, el INTERCONTINENTAL CIRCUIT, con el que se unía el trabajo de fotógrafos procedentes lugares tan dispares como: Andorra, Cataluña, Cuba, Panamá y República Dominicana. La iniciativa nacía con la voluntad de servir como plataforma para difundir la obra creativa de toda clase de profesionales sin tener en cuenta sus antecedentes culturales ni origen a través de un circuito fotográfico común.

El III Circuito Intercontinental se celebró el pasado año dentro del VIII Salón Internacional Fotográfico Digital. En este certamen participaron personas de todo el mundo con imágenes increíbles, quedando como máximo galardonado el fotógrafo asiático: Yu-Fang Chen, de Taiwan con su instantánea “Little boy2”.

Es innegable. Vivimos en una era en la que las imágenes comunican más mensaje y lo hacen más rápido que las palabras y aunque amamos los libros,  la literatura y la prensa en papel, no podemos dar la espalda a los avances tecnológicos que nos permiten mediante fotografías o vídeos llegar mucho más lejos de lo que habíamos imaginado.

La Chica de la Leica
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