“NESTING”: LA MODA DE QUEDARSE EN CASA

 

Por mucho que les pese a los comerciantes y restauradores, las nuevas tendencias en antropología urbana apuntan al recogimiento casero.

La nueva moda se llama «NESTING», (permanecer en el nido) y según los eruditos modernos, quedarse en casa tiene muchas ventajas psicológicas, creativas, algo así como una recuperación de la armonía interna. Es como si todo lo que llevábamos tanto tiempo buscando fuera de aquí, hubiese estado más cerca de lo que habíamos imaginado. Una gran producción de Spielberg-Robert Zemeckis todavía no llevada a la gran pantalla.

Mi abuela tenía razón. Cada vez que salía con mis amigos me preguntaba: ¿A dónde vas, ¿no te parece que el mejor sitio está en casa? Ahora sin saberlo, todos estos snobs, ideólogos y frikies modernos le habrían dado la razón. Y es que quedarse en casa podría ser una buena oportunidad para redecorar los pequeños rincones de nuestro hogar o simplemente para no hacer nada, unas infusiones con galletas danesas, visionar nuestra selectiva colección de cine, aventurarnos con la repostería, para leer «por fin» un buen libro o poner en orden nuestros CD’s favoritos…, la lista sería amplia e interminable.

Pero no nos engañemos, quedarse en casa no es más barato…

LA FILOSOFÍA DEL ¿Y SI?

Y si…encargamos unas pizzas, y si alquilamos una película, y si… le doy una mano de cera a los muebles, y si invitamos a cenar a unos amigos y si…renuevo mi software favorito, y si…ya que no he salido, me compro unos caprichos extras en Amazon…

Sin contar que el reloj del consumo (agua, gas y electricidad) no se detiene, quedarse en casa no siempre es la opción más económica. De una manera inconsciente buscaremos y encontraremos una actividad que compense nuestra decisión de quedarnos y todo ello a su vez supondrá nuevos gastos.

Seguramente la temida crisis ya se está desvaneciendo y uno no se compra un barco  de treinta y dos metros de eslora para quedarse en casa o un coche de alta gama para que acumule polvo en el garaje. Esta ha sido la Semana Santa con más salidas de la historia de las peregrinaciones hasta la costa, la ocupación hotelera no ha descendido del 98 %, las terrazas, restaurantes en primera línea de mar acumulaban desde finales de marzo nutridas listas de espera. A ello ha contribuido un excelente clima de primavera, una abundante oferta lúdica y gastronómica y el inevitable deseo de huir de las rutinas.

La moda foránea del Nesting choca contra la tradición cultura del escapismo, del abandono, en la mínima oportunidad, de las grandes ciudades.

Quedarse en casa puede ser una opción interesante en aquellos países donde las personas se recogen a las cinco de la tarde, cenan a las siete y se van a dormir a las ocho. Lugares donde no tienen cortinas porque no brilla la luz del sol, y fuera hace tanto frío que todo el mundo cierra sus negocios a media tarde. En lugares así es comprensible conformarse con el confort y paz del hogar en lugar de aventurarse con una cerveza tibia en un local que ya está cerrando.

A esa misma hora, algunos del otro lado del mundo despiertan de su siesta, son personas que no necesitan una estresante jornada de trabajo para sobrevivir.

Sobre la reacción de los más jóvenes a la propuesta de sus progenitores para quedarse en casa, recuerdo la disparatada comedia “Solo en casa” Chris Columbus.1990, protagonizada por un jovencísimo Macaulay Culkin, y sus gritos recorriendo una casa tan vacía como enorme, y es que para muchos jóvenes resulta aterrador quedarse solos, o lo que es peor, acompañados en su propia casa.

El libro Being Adolescent menciona lo siguiente:

“Por lo general son las personas que luchan solas las que realizan las grandes obras de arte o los descubrimientos científicos. La ingeniosidad personal que da propósito a la vida a menudo se desarrolla en la soledad. Sin embargo, a la mayoría de la gente le aterroriza la soledad, y hace cualquier cosa por evitarla. Una de las mejores oportunidades para el desarrollo durante la adolescencia es la de aprender a usar la soledad como medio de alcanzar metas personales, más bien que verla como algo de lo cual escapar a toda costa”.

Worth Global Style Network [WGSN], el gran barómetro mundial sobre tendencias,  recogía recientemente las declaraciones de Lisa White, directora del departamento de Lifestyle & Interiors:

“Nuestras vidas están tan ocupadas, y el mundo a veces puede parecer tan espantoso por las preocupaciones económicas, políticas y ecológicas, que la casa se está volviendo un lugar donde realmente poder relajarnos, un antídoto. Y permanecerá así durante muchos años”.

 
Lisa White ya apuntó en 2015 al housewarming (algo así como “calentarse o guarecerse en casa”), una corriente de largo recorrido en la que los consumidores buscarían redescubrir el arte de vivir el momento, de gozar de su espacio y de los seres que lo habitan o son bienvenidos a él.

En definitiva, o nos estamos volviendo paranoicos con las llamadas tendencias, que en sí mismas son muchas veces modas que regresan, o nuestros padres y abuelos tenían razón con sus teorías sobre el recogimiento.

Personalmente, debo reconocer que mis principales creaciones las realicé desde casa y para ello me envolví de un ambiente propicio de luz, música y mi bebida favorita. De un gran mural con fotografías, obras de arte, fragmentos de frases sugerentes e imágenes escogidas de mi añorada LIFE magazine. Todo ello almibarado por las lecturas de mis viejos libros y la brisa de la nostalgia, siempre presente en todo lo que hago.

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