En el avatar, la foto de perfil de su Facebook aparece luciendo una melena que hila sobre sus ojos azules hasta los hombros  y unos tonificados pectorales semiocultos por su tabla de snowboard.

Dice llamarse Patrick, de dieciocho años y que es alumno de la Université Pierre et Marie Currie, pero su verdadero nombre es Manolo, tiene 56 años y trabaja en unos almacenes de L’Hospitalet transportando muebles con una carretilla elevadora. No se trata de una suplantación de identidad, sencillamente él ha creado su nueva identidad virtual, por motivos e intenciones que aún no están muy claras.

Todos hemos visto esas imágenes y vídeos en los que muchas personas dejan de relacionarse con su pareja, amigos o familia para hacerlo con otros supuestos amigos que no conocemos pero que como Manolo, el del almacén de muebles, parece ser más interesante y simpático que nuestro entorno inmediato, nuestros verdaderos amigos y las personas que está a nuestro lado esperando a que termines tu chat para sencillamente mantener una conversación real y auténtica, con personas que son lo que dicen ser, porque las conocemos, porque pueden ser nuestros padres, hijos, amigos…, los de siempre.

 

Y ADEMÁS PUEDES HABLAR POR TELÉFONO

Los podemos utilizar para ver videos, escuchar música, leer la prensa digital, sintonizar emisoras de radio, sumergirnos en las redes sociales, blogs, internet, chats, correo electrónico…una inagotable fuente de recursos a solo un clic y en el bolsillo. Pero, por extraño que parezca, también sirven para llamar y recibir llamadas.
En la última edición del Barcelona Mobile World Congress [MWC], algunas de los más conocidos desarrolladores del mundo smartphone proponían una mirada retroactiva con la fabricación de terminales inspirados en los aclamados diseños de los años ochenta. Teléfonos con solo lo necesario.

Será difícil que tengan el mismo éxito de entonces, pero la nube de frikies que buscan su lugar en el esnobismo urbano está creciendo. Sea como sea el futuro de la telefonía móvil, lo que nos interesa es saber qué lugar tiene en nuestras vidas. Cómo nos interrelacionamos con estos nuevos teléfonos y tablets sin que peligre nuestra relación con las personas.

Muchas veces las cosas no son malas o buenas hasta que sabemos el uso que hacemos de ellas y en este sentido son millones lde usuarios los que están permanentemente enganchados a las redes sociales o sufren ansiedad por el exceso de información.

De vez en cuando hay que seguir consejos como el que proponen algunos estudiosos, y realizar un reset de desintoxicación, levantar la vista de los dispositivos electrónicos para que en lugar de tratar de vivir la vida de otros, comprendamos que nos estamos perdiendo la nuestra.

Realizar un reset de desintoxicación, levantar la vista de los dispositivos electrónicos para que en lugar de tratar de vivir la vida de otros, comprendamos que nos estamos perdiendo la nuestra.

En Estados Unidos ya existen los centros de desintoxicación de la tecnología. ¿Serán también necesarios en Europa?

Uno de esos centro es CITA Centro de Investigación y Tratamiento de Adicciones. En su página web encontramos el siguiente comentario:

«Las adicciones no pueden limitarse exclusivamente a las dependencias generadas por sustancias químicas. En un centro de desintoxicación como CITA sabemos que también las conductas pueden generar comportamientos adictivos. Ciertos hábitos de conducta, como el uso compulsivo de las nuevas tecnologías  (Internet, telefonía móvil, videojuegos, redes de televisión, reproductores portátiles de audio y vídeo), pueden llegar a interferir gravemente en la vida cotidiana de las personas afectadas».

 

EN DEFENSA DE LA CONVERSACIÓN

Sherry Turkle es una psicóloga clínica y socióloga del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), que investiga, desde hace 30 años, cómo el uso de la tecnología está cambiando la manera de construir nuestra identidad, la relación con nosotros mismos y con nuestros hijos y familiares, y nuestras relaciones sociales y laborales.

Autora de siete libros sobre la interacción del ser humano con la tecnología. Turkle impartió una conferencia para Google sobre los estudios e investigaciones necesarias para elaborar su penúltimo libro cuando se dio cuenta de la importancia de una frase que algunos de sus entrevistados le repetían a menudo: ‘Prefiero mandar un mensaje antes que hablar’. Entonces ella decidió que era necesario analizar, desde una perspectiva etnográfica, aquella frase. Si realmente la gente prefería mandar un mensaje a hablar, ¿qué implicación en sus vidas tenía este hecho? Para sus trabajos, sus familias, sus relaciones amorosas, o la educación de su hijos? Y allí nació ‘En defensa de la conversación’, su último libro, un ensayo que defiende el poder y la necesidad de la conversación.

 

EVALUEMOS EL USO QUE HACEMOS DE LA TECNOLOGÍA.

Para determinar el efecto que la tecnología tiene en nuestra vida, preguntémonos lo siguiente:

  • ¿Me pongo nervioso o de mal humor si no tengo acceso a Internet o no puedo usar mi teléfono?
  • ¿Puedo desconectarme cuando yo quiera?
  • ¿Me levanto de noche tan solo para revisar mis mensajes?
  • ¿Estoy más pendiente de mi smartphone que de mi familia? ¿Respondería mi familia igual que yo a esta pregunta?

 

Sitges Infoguía Magazine 142

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