La vida, como si se tratara de un cruel capricho de la naturaleza, le había despojado del origen y sentido de las cosas, del futuro que había ansiado como un preciado tesoro desde su infancia y no era sencillo admitir que en realidad la culpa era suya, lo podía ver cada día reflejado en sus ojos, delante de un espejo que no mentía. Debía iniciar un proceso de reconstrucción que comenzaría por afrontar los hechos, por recoger los restos aún intactos, cambiar sus rutinas, quemar las fotografías y alejarse.

Sabía lo que debía hacer, lo difícil era encontrar el valor para hacerlo, dejar de refugiarse tras una nube de excusas y afrontar la realidad. Su mente le decía que debía preparar algo de equipaje y desaparecer, su corazón le empujaba a quedarse, con todas sus consecuencias. No siempre es fácil reconocernos en lo que hacemos, de mirarnos de nuevo y alentar un frágil atisbo de cordura. De abrigar la tenue llama de la esperanza donde todo parece yermo y desolado. Aunque seguramente esas son las primeras hebras de un tejido llamado supervivencia.

Pág.15

La tarde brillaba en los ojos de Andzie como el agua del rocío en las telarañas de un bosque antiguo, ella se había ruborizado y desistido en su juego de palabras, declinó la mirada y se puso de puntillas sobre los labios de Adam, sobre su aliento de niño agotado. Él la sostuvo rodeándola por la cintura, sus ojos nunca habían estado tan cerca, era como si uno pudiera mirar en el interior del otro, sin miedo ni secretos.

—Tienes que continuar ensayando, —le dijo finalmente—. —La música es muy importante, sin ella, yo no podría vivir. —Andzie estaba pensando en sus primeros recuerdos con el violín, en su abuela que era superviviente de los campos de exterminio, en el propio sonido de la naturaleza, en como el simple gorgoteo del agua era como una alegre y contagiosa sonrisa o cómo el viento ululaba entre los recovecos de las piedras y evocaba en ella un miedo ancestral e injustificado que finalmente le ayudaría a cobrar determinación y a formar su carácter.

—Me esforzaré al máximo, pero ahora ya tenemos que regresar, —respondió Adam con la mejor de sus sonrisas.

Ella le dio su mano. El se mantuvo muy callado, no quería que nada estropeara esa primera vez.

Pág.38

La solitaria sala de cine se iluminaba únicamente con el resplandor de la pantalla, en la calle se escuchaban los truenos de una copiosa tormenta, pero él estaba allí y ella también y cuando llegó el primer beso supo que a partir de ese instante la vida sería maravillosa. Adam había abierto su lata de galletas, no tenía a nadie con quien compartirlas, excepto con Andzie.

…/…

Con el tiempo habían aprendido a besarse mejor, sus labios guardaban memoria de cada centímetro de su cuerpo, iban, venían y regresaban a la despiadada batalla de los abrazos, de los susurros entre las sombras. Prisionero de la suavidad de su piel, Adam no necesitaba la luz para ver el camino. Sus besos eran como palabras escritas en una hoja de libreta infantil: antiguas, sencillas y necesarias. Y Londres tenía todo lo que una pareja enamorada podía necesitar, incluso la lluvia como pretexto para permanecer más tiempo entre las sábanas.

Hay amores primeros y hay amores únicos. El suyo era de ambos.

Pág.42

“No hay lugar que silencie tu recuerdo, que cobije mi angustia de no verte, de no sentir hoy el calor de tus besos acariciando mis labios. Y no encuentro ningún consuelo en la música, las estrofas que desde niño había amado se desdibujan hoy como una espesa neblina que me lo arrebata todo. Quisiera que fueras feliz a pesar de mí, del tiempo que pasamos juntos y que posiblemente ahora detestas. Lamento no haber sabido conservar tu cariño, y a pesar de ello, si alguna vez me buscas, estaré paseando por las playas de Gdynia, estaré donde puedas verme, si alguna vez quieres venir”…

Pág.49

El tiempo ayuda a veces a olvidar el rencor, o como en este caso, a enterrarlo bajo bosques de coníferas. En el caso de Adam, no funcionó de la misma manera, tenía sus motivos. Él quería una vida con ropa de algodón y pies descalzos en la playa, de niños correteando por la arena. Una vida de frascos de cristal llenos de conchas y tardes de sábado con mantas, cojines y palomitas ante el televisor.

Quería una vida sencilla, una a su lado.

Pág.52

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...