Prefacio

MAÑANAS QUE SE PARECEN

 

 

                       

 

 

                                                              La pantalla blanca de un ordenador, una taza de café y Golden Heart en mi reproductor de discos. Todo presagiaba que este sería un gran comienzo.

En 2012 visité Polonia para recoger un premio, un reconocimiento profesional por fomentar los valores de empresa. No estuve mucho tiempo, en realidad solo fueron tres días, pero paseando por las calles de Gdansk surgió el personaje principal de este relato.

Encontré a un músico que tocaba el oboe en la puerta de una iglesia. No llegamos a conversar, pero su música me transmitió todo el mensaje. Era temprano, la luz anaranjada y cálida de las farolas todavía iluminaba el húmedo suelo de adoquines. Me sonrió cuando dejé caer unas monedas en su estuche y percibí un acopio de emociones en aquel pequeño gesto, un mudo mensaje cargado de fuerza y misterio.

Regresé a la habitación del Sheraton en Sopot, y me senté delante de la ventana a saborear un té caliente, uno de aquellos con frutas del bosque. El día estaba nublado y pronto el cristal se llenó de gotas de lluvia, entonces lo supe: la tristeza del oboe y la melancolía de la lluvia crearon la atmósfera ideal para la portada de este libro. Ahora, casi una década después de aquel paseo por Gdansk, una antigua sensación regresa en la forma de este libro: “Mañanas que se parecen”, un relato basado en la vida, rutinas, alegrías y fracasos de un músico nacido en Polonia.

Adam Badziag solo tenía dos referencias en su vida: la música y Andzie, pero cuando una de ellas se desmoronó, la otra perdería inevitablemente su sentido. Una reflexión sobre el amor que después de atravesar un abrasador desierto se disipa con la primera brisa de primavera.

He reído, me he emocionado y sufrido con la vida de Adam y el motivo quizá sea porque que no he hablado únicamente de él sino también de todos nosotros, de cada vez que la vida nos decepcionó tanto, que nos sentimos igual que él, perdidos y desorientados.

                                          Este relato romántico incluye episodios de cierta violencia, más o menos como la encontraríamos en un canal de noticias. Un lamentable comportamiento que ha acompañado al ser humano desde el principio de los tiempos. Personalmente nunca he amado la violencia, ni jamás podré justificar el deseo de venganza, solo me he limitado a describir los hechos y ahondar en los miedos e incertidumbre de algunos de sus personajes. He cuidado los detalles que explicaban por qué se sentían así y de cómo la adversidad le había arrastrado a un abandono gradual de aquellas creencias y valores que les fueron inculcados durante su juventud.

Los primeros años en la vida de Adam habían sido un desastre y su experiencia a la edad adulta era una inevitable consecuencia de lo anterior. Este es un libro en el que la mayoría de sus protagonistas no son lo que parecen, en el que los sucesos experimentan cambios de ritmo, giros inesperados y que no siempre siguen un orden cronológico. La lectura será fácil y cómoda, pero habrá que estar atentos.

La acción se desarrolla en diferentes ciudades: Barcelona, Gdansk, Múnich y Londres. Cada una de ellas causa una profunda huella en el transcurso de la historia. Ha sido un verdadero reto crear los ambientes sobre lugares que todavía no he visitado, principalmente de Múnich y Londres, aunque como en otros casos, he contado con buenos colaboradores. Alguien me dijo que esto en sí mismo podría resultarme beneficioso porque ponía a prueba mi aptitud creativa y que si con solo unas gotas de lluvia sobre un cristal he reconstruido estos personajes, ¿qué habría pasado si hubiera dedicado un par de meses a visitar el resto de Europa?

                                                  De entre todos mis leales colaboradores destaca mi editora, Violant Muñoz. Cuando le hablé de este nuevo proyecto me dijo que no podría valorarlo en ese momento, pero que quería publicarlo cuanto antes. Le pregunté cómo podía estar tan segura si todavía no había leído ni una sola línea y simplemente me respondió: “Me da igual, el libro es tuyo, luego es bueno”. Esa confianza ha sido siempre para mí como una esperanzadora luz en los momentos más oscuros. Ella es en realidad el aceite que hace que los engranajes de Ediciones DêDALO continúen girando sin fricciones ni recalentamientos.

Algo que hace muy especial este nuevo libro es su prólogo, esta vez de la mano de dos antiguos compañeros de la infancia. Tanto Farizo como Espuny compartieron conmigo los primeros años de mi vida, dos buenos amigos que aprecian lo que hago y que han seguido mi trayectoria desde el principio. Otras dos cosas que tampoco había hecho antes ha sido una lista de los personajes principales, de las localizaciones e incluso de las canciones, que como una Banda Sonora Original aparecen con todo lo demás en las últimas páginas.

No ha sido fácil mantener el clímax de un thriller de acción basado en un relato con un fondo romántico, de hacerlo sin desperdiciar la oportunidad de las descripciones. La propia voracidad de los sucesos me empujaba a ahorrar muchas palabras, pero no he querido sacrificar la intensidad de las emociones simplemente por ir deprisa durante una persecución o por abandonar cuanto antes ese instante para pasar a otro enfoque de esa misma secuencia desde otro ángulo. El “storyboard” de cada instante ha estado siempre en mi mente, pero en esta historia cada uno de los protagonistas ha necesitado tener su propia voz.

Sé que les echaré de menos.

                                                               Manuel Julián

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